
Cuando hablamos presas de un acceso de ira, ciegos por el enfado o conmocionados por las circunstancias, debemos pararnos un momento a reflexionar que todo lo que digamos hará mella en los demás y que nunca podremos borrar del todo esa sensación, siempre estará en el recuerdo de aquellos a quienes nos dirigimos. Es dificil controlarse en esos momentos, no calibramos las consecuencias, decimos que no nos importan, estamos "borrachos" de furia, pero, en la vida, debemos ser estrategas, tener la táctica preparada para esos momentos y, la jugada es, perder un tiempo en soledad para calmarnos, guardar en la intimidad la cólera que nos cubre, esperar a otro momento para sacar nuestro monstruo interno; solo así podremos actuar con consciencia y evitar un daño innecesario.
Si reflexionamos sobre esta idea, seguro que encontramos cientos de momentos en nuestra vida donde, bien como receptores, bien como emisores, hemos sentido esta situación. Bien nos encontramos arrepentidos de lo dicho, de la precipitación, de la saña, de lo injusto; bien nos encontramos dolidos por el ataque, por la inquina, por el rencor. En ambos papeles, nuestro corazón quedará marcado hacia esa persona y, si la arruga es profunda, hacia futuras relaciones. Y yo me pregunto: ¿merece la pena esta situación por un momento puntual? AUTOCONTROL Y PERDÓN, esa es la solución.
Un consejo amigo mio: cuando la rabia interna hable por ti, piensa en el PAPEL ARRUGADO.
Y mis ojos no soportan, no pueden con aquel dolor en la retina del alma.
Y no tienen otra opción que desviar su mirada...y pensar que el otro día será mejor, y que aquellos ojos cambiarán su odio por la palabra perdonar y, que harán llorar a los míos.
(Sacado de Internet......Colaboración de lunática)








